Domingo, 12 Mayo 2019 10:42

SEVILLA PALADEA EL TOREO DE DIEGO URDIALES

Foto: Miguel Pérez-Aradros Foto: Miguel Pérez-Aradros

Diego Urdiales regresó a Sevilla desparramando toda su torería y gracia, desde las mecidas verónicas de recibo a su primer Juan Pedro, jugando la cintura y las muñecas hasta su toreo en redondo de cadera a cadera, con una sutileza inusitada y con una hondura tal que de los tendidos de la Maestranza surgieron los "oles" secos y profundos, como su toreo.

RESUMEN DE PRENSA


DIEGO VOLVERÁ A SEVILLA

(Zabala de la Serna) El Mundo

La faena sucedió en serena calma. Midió los tiempos y los espacios como antes los puyazos. El pulso débil del bondadoso toro de precisas fuerzas pedía caricias, el toreo de muñecas, allí donde late el corazón de Urdiales. Sin exigir ni apretar en aquel compendio de exactitud de alturas. No hubo música ni falta que hacía: los oles rasgaban el silencio como el vuelo de los vencejos. Como una banda sonora que salpicaba los muletazos gráciles. Que se fueron consolidando entre paseos de aire puro para el domecq. Y así las últimas rondas desprendieron un son continuo y excepcional, la medida de la perfección: la armonía y la naturalidad vestían el toreo desnudo de Diego (léase pureza). Alguien expresó un murmullo que ni siquiera fue un ole, sino un «¡ohhh!» de admiración. Quizá lo provocó la penúltima serie de redondos. O aquella trinchera maciza o esta trincherilla chispeante. A pies juntos y enfrontilado despidió la exquisita composición de aterciopelada intensidad. Como un homenaje a Manolo Vázquez: Urdiales tiene su talla y su molde.

La estocada se cayó de la cruz a los blandos y acarreó que sólo flamearan algunos pañuelos. La vuelta al ruedo ocurrió con la misma despaciosidad del mundo de Diego, un hombre sin reloj.

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¡SILENCIO, UN TORERO!

(Antonio Lorca) El País

El reloj de la plaza marcaba las siete y seis minutos de la tarde. Corría una ligera brisa. De pronto, se hace el silencio en la Maestranza. ¿Qué pasa? Pues que un torero se dispone a torear. Expectación. Casi 11.000 personas fijan su mirada y su alma y guardan el absoluto silencio que merece la esperanza de un destello de arte.

Era Diego Urdiales quien, capote en mano, en el tercio de varas, trataba de engañar al viento para abrir de par en par su condición de artista. Y sucedió que, con despaciosidad, elegancia y buen gusto, dibujó tres verónicas excelsas que cerró con una media de cartel. Y el disfrute se desparramó por los tendidos.

Hacía pocos minutos que el mismo torero había recibido a este primero con otro ramillete de preciosas verónicas, y tras saludar Pirri en banderillas, la Maestranza entera de disponía a descubrir a ese artista con carnet de La Rioja.

Naturalidad, elegancia, prestancia… desprende este torero en sus andares por el albero. Y todo lo ejecuta con regodeo interior y pasmosa lentitud que no es la antesala del aburrimiento sino del pretendido éxtasis.

...Y Urdiales tomó el pincel de la muleta, saboreó el marco sevillano y trató de pintar una obra con un motivo inexistente. A pesar de ello, de su inspiración surgieron llamativos colores en gotas de torería, con trazos largos y hermosos por ambas manos, intermitentes todos, aislados, también, pero suficientes, a veces, para saciar el alma. Tres naturales fueron largos y hermosos; elegantes los derechazos, y una armoniosa tanda final con la izquierda a pies juntos fue la firma de lo que debió ser una gran obra. Pero no hubo lugar al entusiasmo ni faena grande. Hubo relámpagos de toreo, buen gusto, aroma… Y no pudo reeditar su loable intento ante el insufrible quinto.

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CLAMOR POR LA LENTITUD DEL TOREO DE URDIALES EN SEVILLA

(Pablo García-Mancha) La Rioja

Es difícil asomarse, siquiera, a la lentitud que imprimió Diego Urdiales a su toreo en La Maestranza. Tan lento, tan conmovedor y tan roto de torería que el público recibió con asombro aquel racimo de naturales finales enfrontilado y a pies juntos ante ‘Nebli’, el Juampedro bellísimo al que redujo su velocidad a la mínima expresión de la cinética. Se diría que como aquella encina que antaño plantó ‘El Viti’ en esta misma plaza, ayer Diego dibujó el aire mecido de una vid de garnacha en ese minúsculo espacio de la divisoria del sol y la sombra donde fue macerando una faena rica en antoncianos, sin el más mínimo retorcimiento: compás desnudo de adjetivaciones, la cintura, las yemas de los dedos, los vuelos, la tela como líquida, todo resumido en tal naturalidad que lo que estaba sucediendo rayaba con lo imposible, con lo inaudito de su propia excepción como torero.

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FAENA DELICATESSEN DE URDIALES

(Alfredo Casas) CASASTORCIDA.ES

Aún con el ánimo intacto, se hizo presente en el ruedo un toro que fue un tacazo; le enjaretó Diego Urdiales de salida al segundo una decena de ralentizadas y mecidas verónicas que tocaron la sensibilidad de la afición hispalense. Tras economizar el esfuerzo y las arrancadas del toro en varas y banderillas -hago mención especial a los pares de Víctor Hugo ‘Pirri’-, el torero de Arnedo brindó su lúcido y delicado trasteo a sus hermanos Juanjo y Rubén. Administró milimétricamente Urdiales a su rebrincado y agradecido ejemplar durante una faena planteada en el terreno oportuno y meticulosamente medida en el tiempo. Más que torear, el menudo diestro riojano, por el relajado y despacioso manejo de su muleta, pareció acariciar las embestidas. Añadan a ello su natural ejecución, la hondura de las trincheras, trincherillas y pases de pecho con las que rubricó cada serie y su torero andar por el ruedo. Qué forma más torera de entrar y salir de la cara del toro. Torería añeja, torería de color sepia, torería clásica. Una verdadera delicatessen que enardeció a los tendidos y únicamente emborronó con su desatinado manejo de la espada. Con todo, la aclamada vuelta al ruedo tuvo sabor a efeméride. Frente al desrazado quinto, un toro sin chispa ni ritmo ni clase, Urdiales volvió a intentar el milagro. Pese a hacer todo cuanto estuvo en su mano, ‘Juicioso’ le negó la más mínima opción de lucimiento.

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LA MÚSICA CALLADA DE DIEGO URDIALES

(Javier Fernández-Caballero) Cultoro

En el Baratillo, donde una marcha se anuncia con tres toques de llamador para que Caridad del Guadalquivir comience el racheo, vino el alma pura de La Rioja a asentarse sin que Tejera hiciese falta para cuajar el toreo que lleva en sus entrañas.

Sin ser la explosión de una obra excelsa, Diego dejó sobre el albero maestrante la gracia de su concepto. Porque el sabor no requiere de añadidos para que éste estruje el alma de los que lo disfrutan.

Tremendamente derecho, como una vela, entró Diego a enterrar un acero que se le fue muy bajo… ¡pero qué muletazos pegó antes!

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URDIALES DELITA Y MORANTE SE PICA

(Alvaro Acevedo) Cuadernos de Tauromaquia

...Fue en el segundo de la tarde, medido de fuerza y bravura, al que meció en su capote suelto y frágil, y al que recogió en su muleta con la suavidad de una caricia. Al que acompañó tan lento, tan acompasado, con tanta pureza, que la gente se frotaba los ojos en cada suerte. Al que enganchó, condujo y soltó con la naturalidad que demanda el auténtico arte de torear. Al que administró magistralmente los tiempos, para que no se rajara. Al toro que mató de un horrible bajonazo, perdiendo así una oreja de muchísima fuerza pese a que el inepto de la música, más acostumbrado al toreo en versión noria, guardara un ridículo silencio durante toda su hermosa y torerísima faena.

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GALERÍA FOTOGRÁFICA: MIGUEL PÉREZ-ARADROS


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